Klaus sonrió mientras miraba fijamente a Samuel. De su
bolsillo izquierdo sacó una bola de acero, muy lentamente cerró su mano y la
convirtió en una ceniza que se escapaba entre sus dedos. Una ráfaga de viento
movió la casa, provocando un tambaleo que impedía mantener en equilibrio a los
personajes. Klaus se acercó a Samuel y agarrándole de la camiseta le dijo:
- Soy lo que te hace ser quien eres, nunca dudes en perderme,
porque sin mi no serías nada. Tu ansia de poder me reaviva cada día.
Samuel se apartó de Klaus furioso, muy enfadado, y comenzó a
gritarle sin control:
- ¡Qué diablos tratas de decirme, capullo!¡no sé quien cojones
eres y me vienes con un cuento absurdo sin sentido alguno!¡Dime de donde mierda
has salido y porqué me estás haciendo esto!
Según iba creciendo la furia de Samuel, el viento era cada
vez más fuerte, la casa estaba a punto de derrumbarse, pero tanto Samuel como
Klaus seguían firmes, intactos… Klaus sonreía una y otra vez mientras a
puñetazos iba destrozando todos y cada uno de los objetos. Tras acabar con casi todos los vasos del minibar,
Klaus se acercó a Samuel y, con todas sus fuerzas, le golpeó, lanzando al
protagonista a unos 10 metros de distancia.
Samuel comenzó a asustarse, tenía que pensárselo dos veces
antes de plantar cara a Klaus, ya que podría matarle con un par de golpes más.
Pero Klaus no se detenía, agarró a Samuel y le lanzó al otro lado de la
habitación, su fuerza cada vez era mayor, parecía invencible. Klaus se acercó y miró fijamente a Samuel:
- Todavía te duele ¿verdad? Todavía sientes ira por ese
maldito partido… Ese gol del Salmantino acabó con toda tu ilusión, ¡y estás muy
enfadado con ello! ¿Lo notas?¿Notas la furia de la decepción?
Samuel miró a los ojos enrojecidos de Klaus y se dio cuenta
que todo esto era culpa suya, por lo que tenía que comenzar a relajarse, a
tranquilizarse… comenzó a respirar hondo, muy lentamente para tranquilizarse. "Tengo
que tranquilizarme, estoy tranquilo, estoy relajado.." repetía una y otra vez
Samuel mientras respiraba hondo, frente al extrañado rostro de Klaus. Samuel ya
estaba más tranquilo, y sorprendentemente Klaus también. Las ráfagas de viento
se convirtieron en pequeños silbidos que amenizaban el ambiente.
Klaus, mucho más tranquilo, recogió del suelo uno de los
pocos vasos que no estaban rotos y se sirvió un baso de whisky de una botella
que misteriosamente no se había roto:
- ¿Quieres otra copa, Samuel?
Samuel le respondió perplejo:
- ¿Cómo que si quiero una copa? Acabas de intentar matarme,
joder, y me pones otra copa…
- Tranquilo Samuel, no te sulfures, no vaya a tener que
partirte la cara otra vez… - comentó Klaus mientras sonreía.
Samuel aceptó la copa de Klaus y se sentó en el suelo:
- Antes me preguntaste si me había dolido la derrota del
Compostela.
- Cierto – Confirmó Klaus mientras se sentaba frente a Samuel
en el suelo.
- Sabes que me dolió, claro que acabó afectándome. En ciertos
momentos me vienen a la cabeza imágenes, recuerdos que no olvidaré.
Curiosamente, la imagen que más me viene a la cabeza fue ver a Diego Rey
derrumbado en el suelo mientras rompía a llorar. Ha sido el final de un duro
trabajo durante todo el año, y no fue el mejor final…
Klaus apoyó su mano en el hombro de Samuel y le dijo:
- Pero, vamos a ver ¿El equipó desapareció?
- ¡No!¡claro que no! – le respondió sonriendo Samuel
Klaus sonrió:
- Entonces…
¿Qué es lo que te preocupa? Quiero decir, que si va a tener más oportunidades
llegará un
momento en el que lo conseguirá. ¿alguna vez tuviste la suerte de poder disfrutar de una segunda oportunidad? En el amor, en el trabajo, en tu vida…. De hecho en muchos casos luchamos por ella, creemos que es un gran regalo e intentamos cambiar las cosas en las que hemos fallado. El Compostela tiene una segunda oportunidad, y una tercera, y una cuarta. No cierres el libro, que todavía has acabado el primer capítulo.
momento en el que lo conseguirá. ¿alguna vez tuviste la suerte de poder disfrutar de una segunda oportunidad? En el amor, en el trabajo, en tu vida…. De hecho en muchos casos luchamos por ella, creemos que es un gran regalo e intentamos cambiar las cosas en las que hemos fallado. El Compostela tiene una segunda oportunidad, y una tercera, y una cuarta. No cierres el libro, que todavía has acabado el primer capítulo.
- Pues quizás tengas razón, - le contestó Samuel - tal vez sea
el momento de escribir otro nuevo capítulo y no olvidarse de lo que has
disfrutado en el anterior.
Una vez terminó la copa, Klaus comenzó a recoger los
restos destrozados en el suelo de la casa mientras le dijo a Samuel:
- Ya hemos terminado, cuando salgas, cierra la puerta.
Samuel se levantó dirigiéndose a la puerta, pero antes de
irse quería obtener alguna respuesta:
- Todavía no me has dicho lo que tengo que hacer para volver a
recuperar la ilusión que perdí ese maldito día…
- Si sigues el sendero del arroyo encontrarás una casa –
contestó Klaus-. No te preocupes, la verás a lo lejos ya que es una caja fuerte
de dos metros. Dentro de esa casa, en otra caja fuerte más pequeña están
resguardados esos recuerdos, y la única manera de superarlos es enfrentándote a
ellos.
- Gracias – le agradeció Samuel - , espero no tener que
tropezarme contigo de nuevo…
- Eso depende de ti, amigo.
Samuel salió de la casa buscando ese arroyo que le llevaría a
sus recuerdos…



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