La calle se antojaba oscura, peligrosa y oscura. Samuel dudaba bastante ¿Realmente le compensaría entrar ahí? Durante 15 años había estado investigando sobre la famosa calle, ese lugar tenebroso en el cual la gente cuando entra no vuelve a aparecer ¿Qué se encontrará tras esa calle?¿Le estaba esperando la muerte?.
- Con dos cojones… - dijo Samuel mientras comenzaba a caminar con suma cautela. No se lo pensó dos veces y se adentró en ese lugar misterioso. Según se iba acercando, el lugar se oscurecía cada vez más, de hecho llegó un momento en el que no se podía ver nada. Samuel llega a estar en completa oscuridad, no podía ver nada, absolutamente nada ¿Dónde diablos se había metido? Y lo peor de todo ¿Cómo pensaba salir?.
Poco a poco la oscuridad comenzó a desvanecerse, la claridad se adentraba en el ambiente y Samuel comenzó a ver una silueta frente a él, sentía que alguien le estaba observando, alguien frente a él respiraba fuerte, lo notaba, lo sentía… Pero no notaba movimiento, sólo silencio, mucho silencio… Finalmente la oscuridad desapareció y Samuel se encontró frente a un payaso ¿Un payaso?¿De dónde había salido ese tipo?
El payaso era un hombre alto y delgado, su rostro estaba completamente cubierto por un maquillaje blanco y dos lágrimas rojas decoraban sus mejillas. Sus ojos miraban a Samuel fijamente, la temible mirada que salía de los ojos rodeados cubiertos con pintura blanca. Su traje completamente negro y unos zapatos enormes que destacaban por su color rojo le convertían en todo un payaso tétrico. Samuel se sorprendió tanto que no fue capaz de mover un músculo, quedándose paralizado frente al extraño personaje, el cual se mantenía firme, mirando fijamente al protagonista.
- ¿Quién coño eres? – Le preguntó Samuel con voz temblorosa.
El payaso tétrico, mientras le mantenía la mirada le contestó - ¿Te gustan las manos locas?.
Samuel, sorprendido por la respuesta, sólo pudo decir: - ¿Qué… cómo…?
En ese momento el payaso tétrico comenzó a moverse de un lado a otro, espídico, sin control alguno y continuó hablando. - ¡Me encantan las manos locas!¡Son el mejor juguete que ha fabricado el ser humano! ¡Es una mano de goma que se pega a las paredes!¡Se pegaaaaaa!¿No es increíble? Pero nadie tiene la mano loca, se dejaron de fabricar…
- Estoy flipando.. no tengo palabras… quién…qué… ¿quién coño eres tú?¿Dónde estoy? - contestó Samuel
El payaso tétrico se acerca a Samuel y comienza a andar alrededor de él muy rápidamente, tratando de marear al protagonista:
- Tu has decidido entrar aquí, deberías saber dónde te has metido, tu mismo tienes la respuesta a tu pregunta. ¿Porqué preguntas algo que tu mismo sabes responder?
Samuel comenzó a perder los nervios: - Tío, me estás poniendo nervioso, te puedes estar quieto…
De repente el payaso tétrico se para frente a Samuel, y poco a poco acerca su rostro hacia el del protagonista:
- Dime una cosa ¿dónde te gustaría estar?
- Pues no lo se…pero que más da eso… quiero saber donde estoy, no donde me gustaría estar. – Le contestó Samuel.
El payaso apoyó suavemente la palma de su mano izquierda sobre la frente del protagonista y le contestó: - Pues si quieres saber donde estás, sólo tienes que pensar donde quieres estar y ahí tendrás tu respuesta..
Al momento, el payaso se desvaneció en el aire, desapareció, sin dar explicación alguna, como si de un fantasma se tratase… Samuel miro a su alrededor en busca del tétrico personaje pero no conseguía encontrarlo. Lo único que veía era una calle muy iluminada, repleta de todo tipo de colores. Varias casas, cada cual más extraña, se podían distinguir al fondo, en el horizonte; un camino negro y empedrado se dirigía directamente hacia ese extraño lugar. Samuel, todavía perplejo por la desaparición fantasmal del payaso tétrico, decidió continuar ese camino negro en busca de una respuesta.



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