Samuel se dirigió a los vestuarios tal y
como le había propuesto el speaker. En cuanto pasó por la puerta, una especie de
luz iluminó el lugar, al fondo, un grupo de jugadores se preparaban para
comenzar el partido; Samuel no lograba identificar sus rostros, pero por su
cuerpo les resultaban familiares… Una voz que surgió tras Samuel interrumpió el
silencio
- ¡Hombre, Samuel!¡Te estábamos esperando!.
Samuel se dio la vuelta para ver al hombre
que le estaba hablando y se encontró nada más y nada menos que a Fernando
Vázquez.
- ¡Ostía!¡Fernando Vázquez! – respondió Samuel
sorprendido.
Fernando Vázquez sonrió:
- Mi querido amigo, sabes que no soy
realmente el entrenador del Compostela, todo esto es un mundo que tu has
creado. Estoy aquí para enseñarte algo.
- ¿Enseñarme algo?¿Qué diablos tienes que
enseñarme? – preguntó Samuel.
- Mira a esos jugadores – contestó Fernando
Vázquez - ¿los reconoces?.
Samuel se acercó a los jugadores y comenzó a
identificarlos. Podía ver a Fabiano, Ohen, Villena, Penev.. era la plantilla
del Compostela en primera división, y viendo sus rostros juveniles, Samuel se
dio cuenta de que se encontraba justo en ese instante, esos años en los que el
Compos jugaba en la liga de oro del fútbol español.
- Increíble ¿Verdad? – prosiguió Fernando
Vázquez – Esta es la plantilla que tuvo la suerte de participar en la una de las ligas más importantes del mundo. Aunque te he traído a uno de los peores
momentos de esa época. El equipo está a punto de jugar el partido de vuelta de
los playoffs de descenso contra el Villareal, un partido que perderán y que les
descendería a los infiernos, al final de una época inolvidable. Fue un partido
duro, un momento trágico que muchos no olvidaremos.
- Lo recuerdo… - confirmó Samuel – yo estuve
ese día.
Fernando Vázquez sonrió y chiscó los dedos;
al momento ambos se encontraban en el fondo Sur, justo frente a un joven Samuel
disfrutando del partido.
- ¡Me cago en la leche!¡Si soy yo! – dijo Samuel
sorprendido -, que joven estaba…
- Joven y con mucha ilusión – le comentó Fernando
Vázquez. – Ese día llegaste al campo con toda la ilusión del mundo, deseoso de
ver un gran partido, un encuentro que salvaría a tu equipo. Pero no fue así, no
tuvimos esa suerte, el Villareal marcó un gol al principio del partido que
destrozó todos nuestros sueños…
- Igual que contra el Salamanca… -
interrumpió Samuel.
- Correcto – confirmó Fernando Vázquez -.
Igual que contra el Salamanca. Tras este partido los años pasaron, y la vida
siguió como tal, el equipo estuvo intentando alcanzar otra vez la gloria de la
primera división, pero no fue posible. Y yo te pregunto, amigo Samuel. ¿No es
cierto que a pesar de esta dura derrota seguimos apoyando al Compostela?
- Ya… pero costó superarlo… - contestó
Samuel.
Fernando Vázquez volvió a chiscar los
dedos, la gente del estadio desapareció dejándolo vacío; en medio del campo,
los focos del estadio iluminaban a los 11 jugadores del Compostela, tumbados en
el campo, llorando...
- Ellos también lo pasaron mal, Samuel –
prosiguió Fernando Vázquez – pero eso no quiere decir
que no pudieran salir adelante. La vida está llena de baches, un día estás en lo más alto y otro estás pudriéndote en los peores campos. Lo más importante de todo es que nunca nos rendimos, siempre seguimos adelante.
que no pudieran salir adelante. La vida está llena de baches, un día estás en lo más alto y otro estás pudriéndote en los peores campos. Lo más importante de todo es que nunca nos rendimos, siempre seguimos adelante.
- Vaya… veo que estáis dispuestos a hacer lo
posible para vencer a mis miedos – comentó Samuel - ¿Qué es lo próximo?¿El día
que me operaron de apendicitis?¿O cuando me dejó Clara? Ese si fue un mal día,…
Fernando Vázquez sonrió:
- Mi querido amigo, no creo que necesites ver
más miedos, creo que es el momento en el que tienes que abrir la caja.
El estadio comenzó a desaparecer y Samuel
se encontró frente a una caja fuerte blanquiazul con un pequeño panel de números
en el centro.
- ¿Lo he conseguido?¿es la caja que esconde
mis miedos? – preguntó Samuel.
- Así es – contestó Fernando Vázquez -. Mi
trabajo aquí ha terminado, espero que todo siga adelante con el mismo optimismo
que creías haber perdido. Un saludo compañero…
- ¡Espera!¿cómo diablos abro la puerta?...
vaya, te has ido, genial. Pues nada, empezemos a probar con números. A ver,
000000, 000001, 000002…



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